Cultura/Humanidades

¿Oir un libro? Mejor leerlo

Soy un devorador de libros en formato electrónico en mi Kindle; en estos extraños tiempos, donde todo es rápido y está empaquetado para una venta sencilla y sin complicaciones han relanzado los audiolibros que permiten ser consumidos mientras conducimos, hacemos ejercicio, mientras tumbados en el sofá o haciendo cualquier otra cosa intrascendente. Pero ¿es lo mismo leer un libro que escucharlo?

Inventamos la escritura hace unos 6.000 años y usamos el lenguaje oral para apoyar la comprensión del lenguaje escrito. Según algunas investigaciones se consiguen casi los mismos resultados en una prueba de lectura si escuchan los pasajes en lugar de leerlos. Pero, ¿y a la hora de asimilar el contenido y las ideas? Un estudio comprobó qué aprendieron varios estudiantes sobre un tema científico comparando un podcast con el mismo artículo impreso; pasados dos días, los que lo habían leído recordaban mucho más contenido que los que habían escuchado el mismo.

La conclusión es que los audiolibros funcionan cuando los textos son simples, sin metáforas complejas y sin paisajes, situaciones o imágenes crípticas. Cuando tienes ante ti una obra más compleja, con metáforas, descripciones que te invitan a usar tu imaginación y evocan lejanos lugares mediante ese placer de pausarte en un párrafo o palabra, un audiolibro fracasa estrepitosamente en permitirte disfrutar del texto como lo haces con una buena comida, vino o conversación. No hay interacción ni empatía alguna.

No podemos obviar el hecho de que cuando leemos un libro, bien en papel o en un Kindle, nos relajamos, nos tomamos nuestro tiempo para “meternos” en la historia y “vivirla”. Cuando oímos un audiolibro simplemente se reproducen las palabras; no hay pausas, no hay matices. Si nuestra mente divaga podemos perder la historia ya que el reproductor no pausará ni interrumpirá la narración. Y todo suponiendo que el narrador lo haga correctamente, usando diferentes entonaciones según lo requieran las diferentes escenas y diálogos. ¿Te imaginas oír un texto de una forma plana, sin pausas ni ritmo?

En mi opinión, los audiolibros no pueden sustituir al libro impreso; nunca lo han hecho aunque la publicidad actual intente convencernos de lo contrario. Sin embargo, sí que pueden ser muy útiles para mejorar el conocimiento de un idioma extranjero. Si oyes el texto mientras lo lees, asimilarás la pronunciación correcta de las palabras y ganarás en fluidez.